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En los dos últimos años, el proceso soberanista de los Países Catalanes ha entrado con fuerza en la agenda internacional. Detrás de esto se encuentra un movimiento popular fuerte y organizado que ha mantenido vivo durante décadas el deseo de independencia.

En nuestro viaje organizado recorreremos los Países Catalanes de norte a sur, para conocer en profundidad su realidad y diversidad, desde Catalunya Nord hasta Valencia. Atravesaremos los Pirineos, descansaremos en playas maravillosas, descubriremos festivales basados en antiguas tradiciones, seremos testigos del arraigo de la lengua y viviremos este momento histórico en primera persona.

Durante el viaje vamos a conocer a activistas políticos, culturales y sociales que nos ayudaran a entender mejor la realidad y naturaleza del pueblo catalán.

  • Países Catalanes (en catalán Països Catalans)
  • Idiomas:
    • Catalán
    • Aranés
    • Castellano
    • Francés
  • Población: 13.534.721
  • Superficie: 70.520 km²
También organizamos viajes a:
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Los Països Catalans son una realidad social y cultural desde hace siglos. Su posición estratégica en la orilla oeste del Mediterráneo y en la costa este de la Península Ibérica ha convertido este territorio en un lugar de paso de pueblos como los romanos, griegos, fenicios, íberos, celtas, francos, árabes… creando a través de esta mezcla una cultura rica, diversa y dejando como herencia un extenso patrimonio propio, visible en la arquitectura, la música e incluso en la toponimia.

Sin embargo, la realidad social que configuran los Països Catalans que hoy en día conocemos no consolidará sus bases hasta que los reinos de Valencia y Mallorca y los Condados del Principado de Cataluña se encuentran dentro de la Corona de Aragón, en el siglo XIII.

A partir de entonces y durante 500 años de historia, la evolución política de la Corona de Aragón, se ve fuertemente marcada por la influencia del sistema parlamentario (las Cortes) del Principado de Cataluña y el proceso de “democratización” (poder compartido entre Iglesia, Nobleza y Burguesía) en el conjunto de territorios de habla catalana. Un funcionamiento que llegó a permitir que la “ciudadanía” disfrutara de unos derechos y libertades desconocidos en actores políticos colindantes. Un sistema político como aquel ha sido considerado por varios historiadores de los más modernos del momento.

Después de las batallas entre franceses y castellanos por el control de la Corona de Aragón y las luchas iniciadas por las clases populares catalanas para defender sus derechos, el Tratado de los Pirineos (1659) y el Decreto de Nueva Planta (1716) certifican la derrota los catalanes e implican, de facto, la partición de los diferentes territorios de los Països Catalans.

Así, a pesar de la resistencia de las clases populares catalanas, la mayor parte del territorio cayó bajo el control del absolutismo español quien abolirá cortes y leyes propias y negará derechos y libertades con el objetivo de homogeneizar la Corona Castellana. Aquella voluntad no se pudo aplicar de forma definitiva, durante los 300 años siguientes, y actualmente los catalanes aún preservan buena parte de sus rasgos distintivos.

En todo este contexto, la oligarquía y la burguesía catalana apuestan por fortalecer las instituciones españolas con la voluntad de priorizar sus intereses de clase a la propia idiosincrasia del pueblo catalán. Y este hecho provoca que aparezcan las primeras respuestas organizadas de la clase trabajadora catalana así como las primeras organizaciones socialistas y sindicalistas (sindicalismo libertario) que protagonizarán la primera huelga general en España. Es este sindicalismo obrero y la organización del campesinado que, durante 200 años, presionó para lograr unos derechos colectivos y mantener viva la cultura, sociedad y leyes catalanas. Y esta misma lucha, mayoritariamente asociada a nivel municipal, quien tras una victoria del republicanismo catalán en las elecciones municipales de 1931, proclamó la República Catalana. Una República que choca desde sus inicios con una fuerte oposición de la burguesía y las clases adineradas catalanas, que seguirán apostando por un poder de las élites compartido con el Estado tradicional español.

El levantamiento de 1936 contra el gobierno de la 2 ª República, conduce a la conocida Guerra Civil, dónde los Països Catalans se muestran como un país con altas dosis de autoorganización y resistencia al levantamiento fascista. El País Valencià y el Principat de Catalunya fueron bastiones de la República siendo los últimos territorios en caer. Durante los tres años de guerra en los Països Catalans se vivió una revolución social, política y económica como lo muestran las colectivizaciones que se produjeron tanto en el campo como en la industria y también la defensa de los derechos culturales y nacionales catalanes.

La guerra se perdió y durante la dictadura de Franco (1939-1977) se reprimió duramente la libertad política, de prensa, de expresión así como se prohibió la enseñanza del catalán y su uso público. A la suma de los muertos que se produjeron durante la guerra hay que sumar los miles de fusilados y encarcelados por el nuevo régimen y el exilio de cientos de miles de personas. Entre los fusilados encontraremos el presidente de la Generalitat de Catalunya, único presidente elegido democráticamente en Europa en el siglo XX que muere en estas circunstancias. Sin embargo, la resistencia no desapareció nunca.

El papel de la gran burguesía no la situaría al lado de las clases populares hasta el final del régimen cuando la mayoría social es tan favorable a la democracia y a la justicia social que deciden dejar de apoyar a Franco. Primero abanderando la lucha por la cultura e identidades catalanas y más tarde el grito a favor de la democracia. Pero siempre a remolque de la lucha de los trabajadores catalanes, buena parte de ellos nacidos en otros lugares del Estado.

A finales de la década de los 70, con la muerte en la cama de Franco, comienza una transición política que tiene como  punto culminante  la aprobación de una Constitución Española. Un texto que divide los Països Catalans en tres autonomías y que las impide federarse para convertirse en un solo actor.

Se inicia un proceso de casi 30 años en que el establishment se mantiene de la mano de partidos de derechas e izquierdas que poco a poco van perdiendo la confianza de la gente debido a su actuación en el gobierno. Paralelamente, los movimientos sociales, de todo tipo, crecen en las esferas locales y sectoriales. La crisis de la especulación agudiza este proceso y provoca también más represión entre aquellos colectivos que promueven alternativas.

El pago de la deuda recortando derechos y servicios agrava la desconfianza de las clases populares catalanas en una “democracia” capturada por el capital. Los movimientos sociales ganan peso y apuestan por acciones de desobediencia y resistencia para forzar un cambio de modelo. Las candidaturas municipalistas y rupturistas ganan apoyo y los grandes partidos se ven fuertemente castigados.

Además, el proceso de centralización que España impone, también con la excusa de la crisis, y la falta de futuro en un Estado fallido provoca reacciones populares en los Països Catalans, como la desobediencia al plan de educación impuesto en las Islas, el crecimiento desmedido del independentismo catalán que lo acerca al referéndum de autodeterminación y la posibilidad de que en Valencia rompa con más de 20 años de Gobierno de la derecha más reaccionaria.

Finalmente, la crisis social que vive el pueblo catalán ha reavivado la lucha de clases. Los desahucios o las altas cifras de paro llevan al empobrecimiento de una mayoría que se está viendo abocada a la exclusión social. Más del 25% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. Aún así, redes de apoyo mutuo, organizaciones como la PAH, en contra los desahucios, o campañas en contra las subidas en los transportes están llevando una luz de esperanza a través de la desobediencia y la lucha diaria.

Las crisis democrática, nacional y social dejan un futuro incierto, pero esperanzador para unos Països Catalans dónde el pueblo llena de contenido social la palabra “soberanía” y quiere lograr un cambio de modelo lo más pronto posible. El parlamento del Principat de Catalunya, siguiendo el impulso popular en las calles, ha organizado un referéndum el 9 de noviembre sobre la posible independencia de dicho territorio.

En construcción.

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